Los recursos de un territorio dependen no sólo de lo que materialmente exista en él, sino también del uso que hagamos de ellos. El territorio es un espacio interpretable, y tiene un claro componente económico que hemos de tener en cuenta a la hora de pensar en la sostenibilidad del mismo. El enfoque económico del territorio ha de tener en cuenta tanto el beneficio de la población que lo habita como la sostenibilidad ecológica y económica, doble vertiente que en ocasiones se olvida primando una sobre otra.

El turismo rural tiene mucho que decir en este doble enfoque. La creación de producto para turismo rural se presenta como una clara oportunidad de desarrollo territorial y humano poniendo en valor aquellos elementos que son atractivos para el visitante pero que también conviven de manera natural con el local. No es posible un turismo rural con una gestión invasiva de recursos, precisamente en su capacidad de convivencia no depredadora está uno de los valores de este tipo de turismo.

Del mismo modo el turismo rural puede poner en valor muchos de los recursos que por la evolución de la sociedad o los cambios del propio territorio pueden haber perdido su relevancia. En este caso una buena estrategia de producto y una buena gestión son fundamentales para sacar el máximo partido a esos recursos haciendo de su sostenibilidad un factor fundamental.

La capacidad que tienen las empresas de turismo rural para dinamizar el territorio hace de ellas actores fundamentales para la puesta en valor de espacios con pocos recursos de economía tradicional y que pueden y deben apostar por la innovación en producto y en gestión para conseguir proyectos atractivos y de un adecuado impacto para el territorio y las personas que lo habitan.