Hace unos meses hablamos del proyecto de crear una comunidad de desarrolladores que permitieran mejorar el proyecto Travel Open Apps en el tiempo de una manera sostenible. Indudablemente conseguirá dar un valor evidente al proyecto. Pero no sólo este tipo de comunidades resultan interesantes en el sector turístico. Las empresas también pueden desarrollar este tipo de herramientas para diversos fines con magníficos resultados para sus organizaciones.

Hay un error de base que hace que fallen nada más nacer: lo importante es que tengan muchos miembros. Es falso, lo importante es que sean útiles para los miembros que están y para la empresa. Y aquí viene una de las primeras cosas que hemos de tener claro: para qué queremos la comunidad. Si la queremos para vender más nos estaremos equivocando, perosi la queremos para mejorar nuestra relación con los clientes, para conseguir ideas de los propios clientes o para probar nuevos productos estaremos enfocando adecuadamente nuestras comunidades.

Hemos de tener claro que el valor de nuestras comunidades ha de tener un doble enfoque: hacia la empresa y hacia el usuario. Si no osmos capaces de mantener y alimentar ese doble foco de innovación fracasaremos. Y del mismo modo lo haremos si seguimos pensando en la cantidad y no en la calidad. Para conseguir buenas ideas de nuestra comunidad no es necesario que haya 5.000 miembros, sino que los 100 que posiblemente tengamos estén motivados y dispuestos a participar.

No todas las empresas necesitan comunidades. No todas las empresas pueden gestionar comunidades. Aquellas que puedan y estén dispuestas es bueno que tengan en cuenta lo que les hemos dicho.

Immagen: http://www.flickr.com/photos/niallkennedy/40727794/